Pérez Burrull se sumó a la fiesta
Claro que la fiesta del alirón blanco contó con un invitado sorpresa: el árbitro, Pérez Burrull. Su labor fue tan nefasta, o incluso más, que la del propio Barça. Y es que tres de los cuatro goles del conjunto blanco llegaron precedidos de clamorosos 'regalos' suyos. Pero ni siquiera eso puede servir de excusa.
El Madrid no notó lo más mínimo el cansancio después de la fiesta por la consecución del título del pasado domingo en campo de Osasuna. La 'resaca' pareció sufrirla el Barça. Los de Schuster salieron 'enchufados' desde el primer minuto. Y el 1-0 no tardó en llegar. Guti sirvió un pase a Raúl y el capitán madridista, desde el borde del área, conectó un disparo de 'rosca' que se coló ajustadísimo al poste (13'). Un gol que nunca debería haber subido al marcador, puesto que Guti, en la acción previa, había propinado un descarado puñetazo en el estómago a su marcador, Márquez.
El 2-0 llegó tras otro 'regalito' del árbitro. Pérez Burrull se 'inventó' una falta por una inexistente zancadilla de Touré a Sergio Ramos en el vértice del área. Un piscinazo de los que hacen época. Pero no sólo la pitó sino que, encima, mostró la cartulina amarilla al marfileño, uno de los pocos que se salvan de la quema. Guti la sirvió y Robben, más solo que la una en el área -¿en qué estaban pensando Puyol y Márquez?- cabeceó a placer al fondo de la red.
En apenas 20 minutos, el partido estaba sentenciado. Pero no había suficiente. Pérez Burrull continuó desquiciando al Barça con sus inexplicables decisiones: como la de no amonestar, por ejemplo, a Guti y Heinze por derribar violentamente a Messi en tres acciones casi consecutivas (21', 23', 24'). O señalar un inexistente fuera de juego a Giovani -que poco antes había sustituido a Gudjohnsen- tras plantarse solo ante Casillas (32').
El panorama no varió tras el descanso. La entrada de Sylvinho aportó algo más de profundidad. En el 47', un centro suyo fue cabeceado a bocajarro por Bojan, pero Heinze lo desvió providencialmente a córner. Bueno, para el árbitro fue saque de fondo. Nada nuevo. Ya en el 55', perdonó la roja a Marcelo, que tras marrar una increíble ocasión ante Valdés, propinó un patadón al portero barcelonista. ¿Expulsión?. Qué va. Una vez más, 'jueguen, jueguen'...
El Barça no daba una a derechas, pero es que además estaba de pega. En el 59', Sylvinho se lesionó y tuvo que ceder su sitio a Edmílson. Y éste fue uno de los principales 'culpables' del tercer gol, en el 62'. Diarra se escapó de Abidal por la banda y su centro en el área llegó a los pies de Higuaín. Puyol llegó tarde, Edmílson resbaló... y a Higuaín solo le faltó entrar dentro de la portería para marcar. 3-0 y más euforia en la grada.
Ya en el 76', Pérez Burrull señaló un más que riguroso penalty por unas manos de Puyol en el área, cuando éste se tapaba la cara para que el balón no le impactara en su cabeza. Van Nistelrooy no perdonó desde los once metros (4-0, 77').
Ya en el 85', y con el público del Madrid esperando una 'manita' histórica, Henry marcó el tanto del honor (por llamarlo de alguna manera) al culminar con un chut raso desde la frontal un pase en profundidad de Messi (4-1). Pero ya era demasiado tarde. El 'crimen' ya estaba perpetrado. Por Pérez Burrull -que acabó expulsando a Xavi- pero, básicamente, por unos jugadores que no demostraron estar al nivel de la camiseta del Barça. Guardiola tendrá que sacar al bisturí porque el enfermo no hace más que empeorar.









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