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lunes, 23 de febrero de 2009

El Madrid según el análisis transaccional


El Betis continuó con las prácticas ilegítimas que iniciara la pasada jornada el Sporting. Un nuevo equipo pincha sospechosamente frente al Madrid después de partirse los cuernos con el Barcelona. Son ya dos los encuentros del Madrid frente a rivales que experimentan un repentino ataque de pusilanimidad, y es de suponer que todavía quedan bastantes. De seguir así, obviamente el Madrid se proclamaría automaticamente campeón de liga, pues todos los equipos tienen derrotas o empates tarde o temprano ( Valencia, Sevilla, Barcelona) mientras que los blancos pasaron a lograr el tercer puesto en la tabla de mejores rachas ligeras. Por tanto, a éste Madrid podría llamársele con rotundidad "el equipo galáctico" de los Higuaines y Pepes...

Emulando a Eric Berne, en sus libros sobre análisis transaccional en psicoterapia, cabría preguntarse...¿Como vería todo esto un extraterrestre? Probablemente, si algún ser de otra galaxia observara los acontecimientos desde su objetiva imparcialidad, tendería a pensar que los seres humanos disponen de mecanismos para controlar los giros del azar. En un principio establecerían una escala lógica, donde un equipo de futbol alcanzaría más victorias cuanto mejor juego hiciera, cuanto más controlara los partidos o más ocasiones provocara. Y resultado de esa lógica, se podría predecir que aquel equipo que lograra cumplir estas condiciones, obtendría estadísticamente mejores puntuaciones. En el otro extremo estárían aquellos que no cumplen ningún requisito, y entre ambos, un amplio abanico donde el azar determina si se encadenan una, dos o tres victorias no predecibles y contra todo pronóstico. Sin embargo, al contemplar como un equipo concreto, en pleno apogeo de sus peores momentos desde hace varios años, logra la tercera mejor racha ligera, con destituciones de Presidente y entrenador, con fichajes nefastos y juego nulo...evidentemente sale a la luz un entresijo de mecanismos que interfieren y dificultan el vaivén del azar.
En conclusión, el madridista viene a ser un especial especimen humano, ausente de ideales, tolerante frente a las irregularidades en virtud del fin absoluto de la victoria a cualquier precio. Su mente interpreta que una cadena prolongada de victorias es fruto de la efectividad o la suerte, de la casta o el pundonor, ... admite su inferior juego, pero sus sinapsis neuronales no alcanzan a discernir la evidente improbabilidad del goteo incesante de la suerte.
Al fin y al cabo, si se hicieron de un equipo así es porque su perfil de personalidad lo permite, y si festejan una liga más, lo harán con la misma efusiva hipocresía con que festejaron la Eurocopa de Luis Aragonés.

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