Este era el lema que rezaba el viernes en la pancarta de Carlos Mateo, el dueño de la empresa "Mateo Aluminios", quien no tuvo más remedio que encaramarse a una grúa para solicitar que le abonaran el dinero que el club blanco le debía.
"Les advertí que terminaría haciendo algo así, como subirme a la grúa, porque no podía quedarme con los brazos cruzados".









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