
En los últimos días, a medida que se concretaba el fichaje de Ibrahimovic por el maximo rival del Madrid hemos asistido a una oleada de indignación de los medios que se dedican ahora a defender a un jugador al que en su momento no podían ver, especialmente desde el "Madrid, cabrón, saluda al campeón". Cuando poco después comprobaron que este jugador era fuente de conflictos dentro de las filas barcelonistas ya no les parecía tan malo ni tan ofensivo. Y ahora ven marcharse al único que podía desestabilizar internamente al máximo rival del equipo nacional, y camuflan su rabia con una fingida indignación por "echar de esa manera a un jugador que tantos éxitos les ha dado". Los éxitos no los da un jugador, y menos este. Los éxitos del Barcelona son de todo el equipo (eso no entra en el estrecho cerebro madrile) y los goles los habría metido cualquier buen delantero en su posición. Mejor dicho, cualquier buen delantero habría metido el doble de goles en este equipo, y no se habría dedicado encima a mirar mal a los compañeros que le daban infinidad de balones que él fallaba. Y los madriles ven ahora que llega un delantero de otro nivel, un verdadero fuera de serie, y que se va a acoplar a jugadores como Iniesta, Messi, Henry, Xavi... y un escalofrío les recorre la espina dorsal. Es lógico, en su lugar yo también estaría temblando.









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